YO ME VACUNO

Soy agraciado de estar vacunado al año de iniciarse la pandemia de COVID 19.

Esta semana en Aragón se abrió el tramo para mi edad, 60 años, con la vacuna de Osford/AstraZeneca.

Es verdad que llevamos varias semanas con noticias alarmantes, no sólo en las redes sociales también los medios de comunicación, quizás con un exceso de sensacionalismo. Información que leída superficialmente puede generar dudas.

He intentado dejar a un lado esos titulares y buscar en artículos firmados por periodistas especializados en ciencias y por supuesto por aquellos firmados por investigadores con un currículo reconocido. En ellos he encontrado la justa medida para asumir mi decisión sin temor.

Vacunarme me garantiza la posibilidad de enfrentarme al COVID-19, en caso de ser infectado, con un alto índice de posibilidades de que la infección no será mortal ni grave. A nivel social, que gran parte de la población estemos vacunados, es ir dando pasos para superar el estado de pandemia lo más rápido posible..

De esta experiencia hemos debido de aprender nuestras prioridades en sanidad pública, en investigación y también en la necesidad de organizaciones estatales y a nivel mundial para enfrentarnos a estas graves situaciones. Deberíamos reflexionar, igualmente, sobre la importancia de que las instituciones publicas capitalicen nuestra capacidad de investigar, también de producir y distribuir, para evitar desigualdades sociales. Sin que esto signifique que no debamos reconocer el esfuerzo realizado por quienes en un año han sido capaces de presentar estos resultados.

En los próximos meses finalizaran sus trabajos otros profesionales, algunos de ellos compatriotas, mejorando las herramientas para vencer a este virus. Hemos descubiertos su entrega vocacional, no siempre reconocida en su justa medida, ni tampoco justamente compensada económicamente. Investigadores que la sociedad mantuvimos olvidados y muchas veces abandonados. Como lo estan otros muchos dedicados a encontrar soluciones a otras enfermedades, en muchas ocasiones raras y minoritarias, pero no por ello menos importante encontrar el tratamiento para ellas.

Por supuesto que mi cuerpo reaccionó a la vacuna. A las doce horas de que me la inyectaran en el centro de salud, comencé a tener dolor de cabeza y malestar general. Era la reacción de mis defensas a una infección, la generación de anticuerpos que era el objetivo.

Y no niego la posibilidad de efectos secundarios. Riesgos que sumimos con normalidad en tantas facetas de nuestra vida. Algunos personales, como el riesgo de resbalar en una excursión a la montaña. Otros colectivos, como el grado de contaminación que infringimos al Planeta y que es causa, también, de muchas muertes.

La falta de reflexión profunda antes de dar nuestro voto de confianza a quienes se presentan a liderar la política del país.

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