
Josito era un gusano que vivía en lo mas profundo del bosque.
De un viejo tocón del haya
construyó un casita
con tres ventanas, una puerta roja
y un tejado de losas en el que sobresalía la gran chimenea.
Junto a la casa tenía un jardín
con magaritas, amapolas y un rosal de rojas rojas que perfumaban.
Al amanecer acudía el petirrojo
posado en el avellano,
el que estaba frente a la ventana,
cantaba y cantaba
tac – tac – tac – tac -tac
Y no paraba
hasta que Josito abría lo ojos
y asomado a la ventana le contestaba
¡¡buenos días!!
El petirrojo esperaba,
esperaba día tras día,
hasta aquél en que Josito se transformara
en una gran mariposa amarilla con alas en forma de hoja
para emprender juntos el viaje de su vida.
