
Con la llegada de la primavera las plantas arvenses, como la linaria hirta de la fotografía más conocida con el nombre popular de «conejillos», erróneamente llamadas «malas hierbas», florecen en las cunetas y en los bordes de los campos. La agricultura intensiva con el uso de herbicidas es la causa de que cada año desaparezcan del paisaje. Podría argumentarse que sólo se utilizan en los campos de cultivo, pero el viento y el agua se encarga de diseminarlos por el entorno e incluso acumular su deposito en ríos y charcas. Además es generalizado su uso en el control de la vegetación en los bordes de las carreteras y también en los solares abandonados y hasta en los alcorques de los árboles en las ciudades.
No se trata sólo de una visión paisajística. La desaparición de estas plantas conlleva destruir el hábitat de una gran cantidad de insectos, con importantes funciones en el ecosistema como es la polinización. La acumulación de pesticidas en el organismo de los animales altera su conducta y si ascendemos por la cadena trófica su impacto se extiende a toda la vida del Planeta.


Quien no recuerda los intensos colores azules que imprimían los linos (Linum narbonense) en los baldíos. O las líneas de amapolas (Roemeria argemone) en las orillas de los caminos.
