
Preocupado el erizo
por cruzar la carretera,
se sentó en la cuneta
viendo los coches pasar.
Su cuerpecito de espinas
no le protege al cruzar.
Sus pasitos cortos
no le permiten avanzar,
sabiendo los coches
que lo van atropellar.
Hay un pinzón en el árbol,
que no para de cantar.
A él se dirije el erizo.
Oye pinzón no me podrías avisar
cuando a lo lejos los coches veas llegar.
Pero el pinzón le ofrece
otra salida mejor.
Mira pequeño,
no cruces la carretera,
busca un paso subterráneo
para seguir tu camino.
Así lo hace el erizo
y al otro lado lograr llegar.
Allí encuentra a su familia
y se ponen a jugar.
