
Apenas amanece nos hemos levantado. Un rápido desayuno y partimos desde Ushguli para ascender al monte Llangumbar (2.987 m). En la calle solo nos encontramos los perros que guardan cada casa y que ladran cuando nos ven aparecer por la carretera seguidos del mastín de la casa de huéspedes en la que nos hemos alojado y nos acompaña. No les interesamos nosotros, sólo dejar claro a nuestro acompañante de quien domina ese territorio. Algunos de los perros con los que nos vamos cruzando nos seguirán hasta la cima. Son conscientes que a la hora del almuerzo les daremos algo de nuestra comida.


Desde el primer momento en esta ruta ascendemos. Lo vamos a hacer en la mayoría del recorrido con un desnivel en ocasiones superior al 40% y no menos del 20 %, que nos obliga a levantar las rodillas a cada paso que damos y que termina marcando nuestro ritmo al compas de la respiración entrecortada. Es como subir una larga escalera de casi 900 metros de altura. No nos preocupa la distancia, apenas 9 km., sólo la altura y que debemos realizarla sin la sombra de los árboles, pues en toda la ladera no vamos a encontrar ningún bosque, solamente una extensa pradera, que en estas fechas tras el deshielo tiene un verde intenso y esta repleta de diversas flores que salpican esa alfombra verde de bonitos colores.
Puede verse las características del recorrido en WIKILOK. De nuevo en el perfil que nos ha autorizado divulgar nuestro compañero Jesús Sierra.

Datos Técnicos
Distancia total: 8,44 km
“Altura Inicio: 2133 m” Altura Final: 2133 m
Altura Mínima: 2113m “Altura Máxima: 2992 m”
Desnivel de subida acumulado: 1071 m Desnivel de bajada acumulado: 1093 m
Tiempo total: 4h 58m Tiempo en movimiento: 3h 13m
Desnivel positivo por Km: 126.93 m Desnivel negativo por Km: 129.5 m
“Nivel de Dificultad: Difícil”

Nos vamos estirando los 12 miembros del grupo, capitaneados por Davit, el guia, mientras ascendemos. Iñaqui ha optado por realizar en solitario la aproximación a la morrena del glaciar por el fondo del valle. Al llegar a la cima volvemos a agruparnos para celebrar la cumbre. Permanecemos un buen rato de la mañana admirando toda la panorámica que nos ofrece esta loma extensa a casi 3000 metros de altura. El día es perfecto. No hace frío y el ligero viento nos refresca de la intensa insolación. El cielo, completamente despejado, deja libre de nubes todas las cimas que superan los 5000 metros de la cadena Shkhara, la tenemos enfrente y ante ella nos sentimos pequeños e insignificantes. Se muestra imponente el monte Tetnuldi (5.193 m.), la cima más alta de Georgia, y a lo lejos, ya en territorio ruso, completamente blanco se eleva el monte Elbrus (5.642 m.), la montaña más alta de Europa.

Bajo nosotros se abre paso en el valle el río Inguri. Sus aguas brotan de la morrena frontal del Glaciar Shkara, cuya lengua, desde el circo, desciende a lo largo de toda la montaña. Con los prismáticos apreciamos el avance del hielo, las fracturas de los serrac y los materiales que se van depositando, tanto en su frente como en los laterales donde forman dos largas hileras en el contacto del hielo con la ladera.

Después de la foto de rigor de todo el grupo, como fondo el magnífico escenario de estas montañas, iniciamos el descenso y llegamos antes del mediodía a la casa de huéspedes para recoger las mochilas y cargar la furgoneta que nos traslada en un viaje de más de dos horas por carreteras de montaña. Tienen un buen firme salvo donde el río se la llevó en algún momento del deshielo y se han iniciado obras para reconstruirla. Recorremos de nuevo Svaneti, hasta llegar a Mestia.

En Mestia paramos media hora para comprar algún recuerdo -nuestro viaje se va terminando-. En el mercado adquirimos cerezas, albaricoques y plátanos, que consumimos sentados en el parque. Al subir de nuevo a la furgoneta, el conductor nos invita a un helado, que vamos consumiendo mientras llegamos a Latali (1.200 m.). Este hombre, entendemos que el más mayor de la familia de la casa de huéspedes donde nos vamos a hospedar, es encantador y amable, igual que a nosotros le encantaría que habláramos una lengua común para establecer una conversación.


En esta aldea se ubica la casa de huéspedes donde nos hospedaremos las dos últimas noches del viaje. Es una granja de cultivo ecológico, que ofrece alojamiento. Su proyecto esta financiado por la Unión Europea, Austria y Suecia. Es un lugar acogedor y quienes nos dan hospedaje nos muestran gran hospitalidad, aunque no podemos intercambiar palabras en georgiano con ellos, el ingles facilita la comunicación para distribuirnos en las habitaciones y fijar la hora de la cena y el desayuno de la mañana.

Son una una familia en la que viven tres generaciones, la última niños pequeños, uno de ellos bebe. Las obras de rehabilitación de la casa la realizan ellos mismos, como ocurre en la mayoría de las casas que hemos visitado en el viaje. Utilizan como material principal la madera. Esta actividad auspiciada por el incipiente turismo rural, incrementado desde que puede viajarse al país sin visado, al menos desde la Unión Europea, complementa los ingresos económicos al trabajo de la granja centrado en sembrar patatas y hortalizas, segar el pasto para las vacas y ordeñarlas para obtener leche con la que hacer quesos, cuidar los cerdos y también las colmenas que están distribuidas a lo largo de toda la finca y proporcionan miel. Vemos también algunas parras con las que elaboran vino y, como no, orujo artesanal, chacha.

Es un lujo convivir con las abejas mientras paseamos por el huerto o nos tumbamos en la hamaca atada entre dos viejos manzanos. Esta gente no se rinde y apuesta por un futuro, que desde hace tanto tiempo parece negarles sus gobiernos, con políticas orientadas al interés personal de oligarquías manipuladas por la corrupción. Y nos viene a la memoria nuestro país, España, donde tras 40 años de democracia, integrados en la Unión Europea casi otros tanto, todavía no hemos sido capaces de abandonar estos vicios que los intereses de unos pocos pretenden perpetuar. Incomprensiblemente la corrupción da alas al avance de políticas populistas. Partidos de extrema derecha van tomando posiciones en diversos países de la Unión Europea arrinconando el avance de medidas progresistas y de transparencia, la vía más lógica para frenar la corrupción y para asentar un estado de bienestar, buscando el bien común, el interés general, el respeto a los derechos humanos, la equidad y la sostenibilidad. Garantizando la participación de los ciudadanos en la gobernanza. Creo que en esto consiste la Democracia.

A lo largo de la tarde consultamos en internet las últimas noticias de Georgia. Su gobierno esta girando su mirada hacia Rusia. El parlamento ha aprobado un Ley para controlar las ayudas que desde la Unión Europea se destina a ONGs en incipientes proyectos de desarrollo como el que se esta ejecutando en esta granja. Todo indica que el gobierno no simpatiza con que los Georgianos miren su futuro integrados en la Europa occidental.

Tras la cena damos un paseo por el pueblo. Nos sorprendemos con el vuelo de luciérnagas a lo largo del camino. Pequeñas luces brillantes parecen querer guiarnos a mirar con optimismo la vida.
