
Alberto nos lanzo un dardo y los cinco restantes aceptamos la invitación.
El 2 de septiembre seis amig@s iniciamos el camino. Curiosamente en nuestra profesión hemos compartido, al menos en parte, el mismo centro de trabajo. Algunos continuan todavía, otros cambiamos en algún momento y actualmente acabamos de iniciar nuestra jubilación. Mantenemos la amistad forjada y durante estos días vamos a convivir caminando hacia Santiago, recordando buenos momentos pasados y planeando proyectos de futuro.

Lo iniciamos cinco de los componentes a las 6 de la mañana en coche desde Teruel hasta la estación Sorolla del ave en Valencia, con enlace en Chamartín de Madrid y destino la intermodal de Santiago de Compostela, desde donde en autobús nos trasladamos al Ferrol, kilómetro cero del Camiño Inglés. El camino que realizaban los peregrinos que desde Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda llegaban en barco a las puertos de A Coruña o del Ferrol.

En Ferrol nos encontramos con el sexto peregrino. Llega en su coche particular desde Las Merindades en Burgos.
La tarde nos permite un pequeño paseo por la ciudad. Nos acercamos al muelle de Curuxeiras, donde desembarcaban los peregrinos, kilómetro cero del Camiño. Junto a la oficina de turismo, cenamos en la Taberna del Puerto. Nos atendienden con gran hospitalidad ofreciéndonos parrochitas y otra rica gastronomía del país. Al terminar, siguiendo los primeros hitos por las calles del Ferrol, regresamos al hotel, desde donde mañana comenzaremos a caminar con nuestro equipaje.

Nuestro camino han sido cinco etapas. Recomendaríamos hacerlo en ocho con lo que en Puentedeume podríamos dedicar un día extra a visitar el bosque de ribera de Las Fragas del Eume, en Betanzos las marismas de la ría, que son Reserva de la Biosfera Mariñas Coruñesas, y el último día completar una visita extensa por la monumentalmente ciudad de Santiago de Compostela. Sin ser masiva, por el número de peregrinos que realizan el Camino, es conveniente planificar la reserva de alojamiento en cada etapa y no encontrarnos con sorpresas de última hora. Existe la posibilidad, con Correos y otras empresas, de contratar la asistencia para el traslado en cada etapa de las mochilas con el equipaje más pesado.

Se atraviesan áreas de poblaciones muy diseminadas y no siempre se encuentra un lugar donde comer. Es buena idea llevar comida ligera: pan, un poco de embutido, queso y alguna fruta. El agua puede encontrarse a lo largo de la ruta.
En nuestro caso en la tercera etapa nos fue imposible reservar alojamiento en Hospital de Bruma. Nos desviamos hasta Mesón do Vento. Fue una experiencia interesante. El alojamiento que encontramos era un bar que ofrecía habitación con literas para los seis. Al buscar su ubicación en google-maps, nos encontramos que estaba junto al «Club Pasión», lo que nos creo incertidumbre. Anna nos atendió estupendamente y cenamos en su bar una deliciosa tortilla gallega, la mejor que probamos en el camino, junto a abundante filetes de cerdo, ademas de una rica ensalada, sin olvidar una degustación de chupitos de licor de orujo. Conforme la tarde avanzaba el bar fue llenándose de «parroquianos». Era viernes y comenzaba la fiesta del fin de semana. El ambiente se fue animando y nosotros nos fuimos a dormir. Dedujimos que aquellos hombres del lugar, tras varios cubalibres, terminarían la fiesta en el local de al lado.

El primer día atravesamos Ferrol con abundante lluvia, a un lado los astilleros y al otro edificios residenciales. La ciudad nos va mostrando a lo largo de las calles y los parques diversas esculturas de honorables militares de la marina, también su peculiar urbanismo con casas con extensas galerías y bordeando la ría un espacio natural del que apenas podemos disfrutar por la lluvia. Llegados al monasterio de San Martiño de Xàbia el camino va adentrándose entres bosques por ambientes más rurales como el Molino de As Peñas. Tras alcanzar Neda el día se despejó y la lluvia ya no volvió a aparecer hasta el último día conforme nos acercábamos a Santiago. Cruzando el Concejo de Nedo, el de Fene alcanzamos la ría de Ares que nos acerca a Puentedeume.

Nómadas con la mochila acuestas iniciamos la segunda etapa desde Ponteume a Betanzos. Aunque tenemos pronostico de lluvia al amanecer, hemos recorridos los 20 kilómetros en un día soleado, en el que hemos disfrutado del paisaje y agradecido la sombra que nos proporciona un camino flanqueado de castaños, laureles, robles, acebos, alisos y abedules. También frutales: como manzanos, perales y nogales. Cruzamos las laderas de los Concejos de Ponteume, Poderna, Betanzos. A través de puentes sorteamos el rio Baxoi y el Mando. El último puente nos lleva a la Porta da Ponte Vella, por la que entramos en la villa de Betanzos.
El tercer día amanece con un sol esplendido para disfrutar de la etapa más dura del camino entre Betanzos y Meson do Vento. Desde la ría de Betanzos vamos ascendiendo conforme nos adentramos hacía el interior de las tierras gallegas. Caminos asfaltados y de tierra que comunican casas diseminadas y aldeas. Bosque de eucaliptos y pinos rádiata, también quedan retazos relictos de árboles autóctonos junto a campos de cultivo y de pasto donde apenas se ven animales, sólo caballos y alguna oveja en los cercados de las casas. La Galicia rural que vamos pasando se va desfigurando conforme las viejas generaciones desaparecen. Las viejas casas se derrumban invadidas por la maleza y la mayoría se reforman adaptandose a los nuevos tiempos.

Los peregrinos somos gentes efímeras que cruzan el camino y abandonan el lugar. Otros, sus habitantes, son los que permanecen cuidando estos espacios.
La mañana del cuarto día amanece fresca cuando salimos de Meson do Vento en direccion a Sigüeiro. Son 25 km en los que no llueve, ni tampoco hace excesivo calor, el cielo esta nublado, el sol sale y se esconde.
Cruzamos pequeñas carreteras que llevan a aldeas pequeñas. Corredeiras tradicionales, viejos caminos entre los túneles que forman las ramas de los árboles al cerrarse sus copas en torno al camino. También extensas plantaciones de eucaliptos y pinos radiata, consecuencia de la despoblación generada por el éxodo rural que dejo extensos campos sin cultivar, hoy orientados a estos monocultivos forestales.
Los paisajes que hoy atravesamos son más agrarios que en días anteriores, con una orografía más favorable, que permite extensos cultivos de maíz en torno a casas de labranza cargadas de historia donde se conservan hórreos tradicionales. Apenas nos cruzamos con paisanos.

El silencio de las corredeiras contrasta con el ensordecedor sonidos de la velocidad de los coches cuando el camino discurre paralelo a las autopistas. El precio de la modernidad conlleva olvidar la identidad de la tradición. Y la velocidad de los cambios y de la forma de vida impide ser conscientes de todo lo que perdemos.
Dormimos en el hotel Ponte Sigueiro. Muy recomendable en el trato, en la calidad de las habitaciones y una terraza junto al río donde descansar con una cerveza junto a la orilla del río Tambre.
Hemos llegado al quinto y último día. Amanece con orballo, una lluvia menuda que con interrupciones nos acompañará toda la mañana hasta llegar a Santiago.
Atravesamos riachuelos y con buen espíritu entramos en la ciudad atravesando un polígono industrial, para llegar a zonas residenciales y concluir en el casco antiguo con sus calles medievales que nos dirigen a la Plaza del Obradoiro junto al Parador de San Marcos.
Ultreia!!… logramos nuestros objetivo.
Descansamos en el alojamiento reservado en Lar Santiago en la ruta Vite de Abaixo. Muy recomendable para disfrutar durante unos días de esta ciudad.

A lo largo del Camino hemos visto como la modernidad se impone sobre la ruralidad, con grandes infraestructuras como líneas eléctricas o autovías, que demandan las grandes ciudades no siempre solidarias con el mundo rural que les proporciona recursos.
Andando, hemos llegado hasta Santiago de Compostela, donde nos sentimos ilusionados con el desafío logrado, pero también dudamos de si en el trajín del ritmo de la ruta hemos olvidado muchas paradas para conocer estos lugares y comprenderlos.
Transcribo las notas de mi diario cuando en 1991 llegábamos desde Roncesvalles, en la pequeña aventura que emprendimos María Jesús y yo:
[19 de Julio de 1991.- LAVACOLLA-SANTIAGO DE COMPOSTELA

Trayecto monótono en torno a la carretera, no obstante nos impulsa hacia adelante la emoción de llegar a Santiago, a veces de pensarlo se eriza el vello y la piel se pone de gallina.
Las casas modernas se desdibujan en nuestro destino, que al final comenzamos a divisar al llegar a las calles viejas (Rual Sanpedro, Via sacra…) mucho más incluso en el monte del Gozo transformado en núcleo residencial.
La llegada a la Puerta Santa a recibir la credencial y la bula. Encuentro con viejos amigos del Camino: Guillermo, el holandés viejo; Josepe, los italianos…. y Jose Antonio. La misa de peregrinos de las 12 en que se nos cita. Encuentro con los primos de Maria Jesús. Todo es rápido, una constante catarsis del fin del viaje, aunque sabemos que nuestro camino continuara hay que saborear Santiago.
Pero hay dos días para saborear la vuelta y cumplir con cortesía con las buenas gentes, despedidas, etc… Entre el bullicio de fiesta de las calles de Santiago.
Así el sábado 20 y el domingo 21 de Julio
22 de Julio de 1991.- NOIA-FINISTERRE
Ayer al regresar de la Playa de Carnota nos quedamos en Noia a continuar nuestro Camino.
Hoy visitamos el cementerio en torno a la Iglesia de Santa Maria la Noia. Inscripciones en tumbas funerarias que hemos ido encontrando en torno al románico del Camino. Todos tenemos claro a quien corresponden y al menos no queremos romper el encanto de la leyenda. La Iglesia parroquial y su Pantocrator y Alquimistas del Arco del Hospital de Leprosos, hoy es el Ayuntamiento, con la inscripción del Arca de Noia, símbolo del escudo de Noia.
El cruceiro del descendimiento de la cruz a la salida hacía Muros.
Continuamos hasta Finisterre con autobús y andamos los últimos 3 km. del cabo para entre una intensa niebla contemplar el fin de la Tierra, donde desde hace milenios terminaban los peregrinos.
Comenzamos el Camino queriendo vivir el arte de los constructores tras leer Los Pilares de la Tierra de Ken Follet, más tarde tras leer el Camino de las Estrellas de Vicerret intentamos sonsacar el esoterismo del viaje y la vida espiritual de los constructores y entramos en la senda buscando esta riqueza de valores espirituales humanos y culturales de 22 días caminando junto a estas piedras milenarias. Incluso nos queda la pregunta del aspecto más religioso, Dios, que cada cual lo interpreta a su manera. EL alma que mueve la vida y el placer, la necesidad de meditar. La vida entre piedras superpuestas para el culto con una precisión, orientación y belleza. No aquella elevada en edificios sin sentido.
Nos queda saborear el Camino desde el atardecer en el punto considerado desde antaño como el más occidental de la Tierra, el Cabo Finisterre.
Terminar observando la puesta de sol sin niebla, o con ella, que transmite una visión de las tinieblas del final que ocultan el horizonte del océano, antes de retornar de nuevo. Aquí, se decide regresar para seguir viviendo.

24 de julio de 1991.- SANTIAGO DE COMPOSTELA
Había pensado escribir las últimas notas en una mesa del cafe Derby de la Plaza de Galicia, pero tras visitar la Colegiata de Sart me decido hacerlo al pie de uno de sus muros contrafuertes, a la sombra y con un poco de fresco en una tarde que aunque nublada luce el sol.
Hoy ya marchó Guillermo el holandés joven, hacia Finisterre. Su viaje continua y la separación ha sido dichosa. Despedirse conlleva tristeza, pero queda la esperanza de nuevos encuentros haciendo amigos.
He visitado Santiago, he necesitado madrugar para alejar la marabunta, la muchísima gente que vísperas de la Fiesta se acerca a la ciudad. La Puerta Santa, la de Platerías, el Pórtico de la Gloria, el interior de la Catedral. Sentado en una de las capillas meditar.
Comencé el viaje orgulloso y creyendo saber todo y lo termino con humildad, reconociendo misterios, el respeto a los demás, la imposibilidad de levantar murallas y la necesidad de marcar la vida con un compromiso personal hacia un estado de felicidad, de placidez, de perfección. Sin olvidar que Itaca no es el destino, es el camino.
Difícil de exponer, como difícil de interpretar el mensaje del románico, pero que no obstante transmite serenidad y sabiduría. Permanece la obra y su autores quedan en el anonimato
La Colegiata de Sort ha sido mi despedida de Santiago. Podemos regresar a casa.
El Camino ha sido una experiencia de vida, un reflejo de las piedras, las murallas, las alegrías que vamos a encontrar. Amar sin atar. Ha sido el inicio de una experiencia de la vida que se debe continuar.
Santiago de Compostela
24 de Julio de 1991
Colegiata de Sort.]

La llegada a la Plaza del Obradoiro sigue siendo emocionante en lo personal, también al ver las reacciones de las muchísimas personas que llegan y la llenan. Las colas para entrar en la Catedral y recoger la credencial son interminables. Nosotros no llevamos credencial y evitamos esos tramites. Nos alejamos del bullicio para descansar en el barrio donde nos alojamos, reponiendo fuerzas en un bar cercano junto a vecinos, familias que disfrutan de la mañana festiva del sábado.
Regresamos a la tarde y esperamos a que la noche vacía la ciudad y nos permite encontrar las sombras que se proyectan en la piedras de sus edificios.

Volveremos a repetirlo por este o por otros de los itinerarios que atraen a caminantes y peregrinos a esta ciudad ilustre.
La mochila de nómadas espera otra oportunidad. El destino está por descubrir.
