LA BARONÍA DE ESCRICHE: EVOLUCIÓN DE UN PAISAJE (I)

EL SEÑORÍO DE ESCRICHE

Para entender un paisaje ha de conocerse su historia. Desconocemos  la presión humana que  este lugar ha tenido antes de la edad media, aventurándonos a lanzar una hipótesis de  la presencia de una alquería andalusí, en unas ruinas apenas apreciables cerca del aljibe de la Fuente de las cinco fuentes, como inicio de la ocupación.

Sí que esta documentado el origen del señorío de Escriche en el siglo XII. Y por tanto el inicio de la llegada de pobladores que creemos son los protagonistas del modelado del paisaje actual.

Para comprender el significado de señorío hemos elaborado esta síntesis del   Trabajo de Fin de Grado de Iria Novella Domingo, del año 2014, por la Universidad de Zaragoza: El régimen señorial en la Edad Media. Teoría y práctica: La Baronía de Escriche (Teruel), que puede consultarse a través del siguiente enlace:  https://zaguan.unizar.es/record/15499 . También hemos tomado referencias del  ensayo que  María Jesús Pérez Hernández publicó en 1993 a través de  la Institución Fernando El Católico, La casa grande de la Baronía de Escriche: pintura profana y arquitectura.

La Baronía de Escriche es un ejemplo  del llamado régimen señorial, sistema jurídico  de dominio territorial y jurisdiccional que caracterizó el denominado Antiguo Régimen de la historia europea en los reinos medievales hispanocristianos.  

Como señorío se conocen los “pueblos”, que por donaciones y mercedes reales, ó, por ventas hechas en los apuros del erario,  pasan del dominio y jurisdicción del rey al de particulares. Derechos dominicales que hasta el año 1814 en que se derogó esta facultad nombraban los alcaldes y jueces para la administración de justicia. Y que son llamados así los tributos reales, personales y pecuniarios que los señores de los pueblos exigen a sus moradores con el titulo director ó de señorío solariego que en ellos les corresponde por gracias que los reyes concedieron.

España, según afirma el historiador Claudio Sánchez Albornoz, no se feudalizó, a excepción del territorio de Catalunya, por cuanto  los señoríos fueron  una excepción a la norma general.  El historiador belga Gasnshof en su libro Que’est-ce que la feodalité, define el feudalismo como: un conjunto de instituciones que crean y rigen obligaciones de obediencia y servicio -principalmente militar- por parte de un hombre libre, llamado “vasallo”, hacia un hombre libre llamado “señor”, y obligaciones de protección y sostenimiento por parte del “señor” respecto del “vasallo”, dándose el caso de que la obligación de protección y sostenimiento tuviera la mayoría de las veces como efecto la concesión, por parte del señor al vasallo, de un bien llamado “feudo”.

En contraste con la anterior visión hay otra concepción desde un punto de vista socioeconómico de la idea de señorío,  como ejemplo  citamos a Marc Bloschen su obra La société féodale. También Charles Parain en la obra colectiva titulada El Feudalismo, donde establece los caracteres generales, que resume en tres puntos: 

  • La tierra, que en un periodo de preeminencia de la agricultura es el lugar físico donde se llevan a cabo las relaciones sociales y de producción entre el señor y el vasallo.
  • El derecho del vasallo a la ocupación de la tierra, mientras que la propiedad pertenece al señor.
  • La dependencia que se genera en esta forma de propiedad de la tierra y se aprecia en las relaciones sociales mantenidas entre el señor y el vasallo y, a su vez, las relaciones y deberes del señor con aquel que le ha concedido el señorío.

Encontramos pues en sus orígenes una tierra, que en pleno periodo de la reconquista es necesario ocupar y gestionar. Unos caballeros con una capacidad económica para emprender la conquista del territorio. Un territorio, que una vez ocupado pertenece al rey, pero que este debe recompensar a aquellos  de los que ha recibido ayuda al emprender la acción, y además  necesita una correcta puesta en marcha de las tierras conquistadas para que estas sean rentables y se consolide la reconquista. Y es en esta situación cuando surgen el régimen señorial.

En Aragón  la instalación del poder cristiano la realiza con la expansión territorial Alfonso I, siendo continuada por Alfonso II (1162-1196) y Pedro II (1196-1213)  con la ofensiva en las cuencas de los ríos Martín, Guadalupe y Matarranya,  en la desembocadura del Ebro y en las tierras de Teruel.

Nos remontamos a 1176 en que el rey concede, en tiempos de la fundación de la ciudad de Teruel,  la Baronía de Escriche, con el consiguiente  título -uno de los de más linaje y antigüedad de Aragón, a Sancho Sánchez Muñoz, que junto a Blasco Garcés Marcilla capitanearon en 1171 las tropas que se abalanzaron sobre las tierras de Teruel.

En cuanto al origen de la familia Sanchez Muñoz, difuso entre tradiciones y fábulas, una versión  se remonta a la figura del cónsul romano Lucio Munio. Otra, acogida entre los habitantes de la baronía, recoge un relato anónimo del siglo XVIII en el que remonta a comienzos del siglo VIII en la ciudad de Huesca, donde en la universidad allí fundada se reúnen estudiantes  de toda Europa, y entre ellos de Escocia  se encontraban los hijos de su rey llamados  “los muñoces”, que junto al resto de sus compañeros organizaron una lucha en el 714 ante la amenaza de los moros -visión que se asienta eón el origen del reino de Aragón- . La influencia de esta narración en los Muñoces se aprecia en la representación del escudo de escocida en el techo de la Casa Grande de la Baronía de Escriche -lamentablemente desaparecido tras las obras inconclusas de remodelación de los edificios durante  la primera década de este siglo.

La historiadora María Jesús Pérez Hernández publica en 1993, a través de  la Institución Fernando El Católico, La casa grande de la Baronía de Escriche: pintura profana y arquitectura. Señala otro de los posibles orígenes de la familia, que da origen a la leyenda del dragón, en base a la pintura de Deodato de Gozón, de una de las salas de la casa -también hoy desaparecidas del lugar y custodiadas por la Diputación Provincial de Teruel tras su extracción y restauración por las obras iniciadas para remodelar el edificio.

La familia Sanchez Muñoz  establecería su residencia en la ciudad de Teruel y salvo el periodo  comprendido en entre 1421 y 1535 conservaran el titulo nobiliario y la propiedad de la Baronía de Escriche.

El dominio de Escriche tuvo gran importancia durante el siglo XVI. Era una de las cinco villas que componían la Comunidad de Teruel, pues en la baja Edad Media recibió el titulo de villa por ser su territorio sede de una baronía con leyes y tribunales propios.

Es en este periodo entre el siglo XVI y el XVII cuando debieron realizarse las obras de ampliación que levantaron la estructura actual del palacio solariego de la casa Grande. Una arquitectura típica de los palacios aragonés construidos en este periodo. El agua  se abastecía desde el aljibe de los cinco caños, desde donde  se conducía mediante troncos huecos.  Una herrería en el lado derecho de la casa, satisfacía la demanda de estos servicios. Así como  el cementerio  ubicado en el recinto de la antigua iglesia  románica de la Epifanía. Estas remodelaciones debieron ser el momento que se incorporaron los frescos en las paredes. Copias de cuadros, que como todo el conjunto de la edificación pretendía otorgar un grado de grandeza, pero cuya capacidad económica no podía llegar más allá. Inversiones que concluyeron en el siglo XVIII con la construcción de la Iglesia de san Bartolomé.

Las reformas constitucionales del país del siglo XIX   hicieron perder su poder jurisdiccional. Aunque la propiedad de la aldea en torno al barón continuaría hasta 1971. A lo largo del siglo XX la propiedad fue repartida entre los hijos y ese año se vende la última finca, la del entorno de la La Casa Grande. A partir de ese momento se incorpora al municipio de Corbalán. La familia continua poseyendo el titulo nobiliario de barón de Escriche.

A lo largo del siglo XX la familia paulatinamente, junto al desplazamiento de su residencia fuera de la ciudad de Teruel, van perdiendo interés por estas posesiones. El declive socioeconómico se agrava  por la guerra civil de 1936-1939, prolongada en estas tierras hasta 1952 por la por la  presencia de la guerrilla del maquis. El éxodo rural generalizado en todo el país despuebla el campo en la búsqueda de mejores condiciones de vida, y estas masadas en unas tierras de extrema dureza masadas son las primeras en despoblarse. La década de finales de los años ochenta del siglo pasado deja vacía la última, que todavía permanecía habitada, la Masada de La Atalaya.

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