
Conservo el recuerdo de esta ruta sintiendo las primeras nevadas en vísperas de la llegada del invierno. Tras las primeras heladas al final del otoño llegan rachas de viento acompañadas de matacabra. La mirada en el horizonte al mirar a Javalambre o la Sierra de Albarracín se encuentra cortinas que velan el paisaje. Las lomas del Puerto de Cabigordo, Castelfrío o las Hoyaltas las ha cubierto una extensa capa blanca, la montaña se tiñen de blanco, al igual que el armiño, cuando llega Diciembre.

La iniciamos junto a la Ermita de San Antonio de Corbalán. El paisaje en torno a este pueblo lo componen pequeñas parcelas de cultivo, en bancales arañados a la ladera y sujetos con muros de piedra seca. En los linderos de cada propiedad se conservan viejas sabinas albares acompañadas de una tupida red de diferentes espinos como rosales, agracejos, endrinos. Un mosaico donde también encajan pequeñas islas de bosque.
En estos campos barbechos y en los cultivados con la siembra de cereal de invierno, que ya ha brotado, vuelan bandadas de cardelinas, pajareles, verdecillos y algún lugano, que encuentran en las semillas de los cardos la grasa con la que soportar las gélidas temperaturas. Escondidos entre los setos se concentran varias especies de escribanos, tarabillas y los zorzales que encuentran un potencial alimento en los frutos de estas plantas, así como en los gálbulos de las sabinas, este año de vecería abundantes. En las ruinas de las parideras y en los montones de piedra vive el colirrojo tizón y el mochuelo, abandonados por las collalbas y las abubillas, que han regresado a Africa. Estos pájaros al excretar después de beber agua en las fuentes, siembran las semillas que germinan en la línea donde inician el vuelo, al igual lo hacen bajo los árboles donde se concentran en dormideros al atardecer. Los zorros también siembran el campo cuando excretan sus largos recorridos tras haber comido moras, escaramujos o endrinas, facilitando su germinación tras macerarlas en su trato digestivo.

Conforme nos alejamos del pueblo los cultivos dan paso al pinar. Extensos pinares negrales acompañados de enebros y sabinas. Están trabajando los forestales rebajando la densidad de fustes, seleccionando aquellos de interés maderero, otros de interés ecológico en cuanto a su función trófica, trabajos que contribuyen a incrementar la biodiversidad y a crear paisaje. Estos años de fuerte sequía se ha observado la muerte de árboles ante el estrés hídrico, que puede evitarse si evitamos esa competencia excesiva tras un reclutamiento o una repoblación donde la alta concentración de pies retiene su crecimiento, dificulta la entrada de luz en el suelo, que queda tapizado de una alfombra de acículas, dificultando la entrada de otras especies. Aclarar favorece establecer un bosque mixto en el tiempo.
Son muchas la veces en que hemos puesto el objetivo en la conservación de especies singulares, olvidando la complejidad del funcionamiento de todo el ecosistema. La última publicación de Miguel Delibes De Castro, un ensayo divulgativo, Gracias a la vida, nos desvela la amplia diversidad de vida, en muchas ocasiones desconocida y olvidada, en otras consideradas convictos, que son imprescindibles para que funcione el entorno donde habitamos.
Llegamos a la Ermita de Cilleruelos, ubicada en el término municipal de Cuevas Labradas, un espacio espiritual. Consta de una nave cubierta con techumbre de madera y cabecera poligonal. La nave se distribuye en tres tramos con unos arcos que, dada la anchura de la nave, se dividen a su vez en otros tres, todos ellos apuntados, salvo los dos laterales del segundo arco. El arco central, de más luz y mayor altura, se apoya en columnas, mientras los de los lados hacen las veces de naves laterales.

Según Herbert González hay documentos de la existencia del Priorato de la Virgen de Cilleruelos en el siglo XII, en concreto hacia 1194. Fue fundado por Monjes Cistercienses provenientes del Monasterio de Poblet. Este priorato todavía pertenecía en el siglo XVIII al Monasterio de Piedra. Recibía en romería a vecinos de Peralejos, Cuevas Labradas, Alfambra, Orrios, Escorihuela, El Pobo, Cedrillas, Monteagudo, Corbalán, Escriche, Valdecebro, Villalba Baja y Tortajada.
Durante la guerra civil española la línea del frente republicano estuvo fijada a lo largo de estos lugares desde los altos del Campo de Visiedo hasta la Sierra de Javalambre. Por estos caminos se fraguó su retirada en el avance franquista tras la batalla del Alfambra y torno a ellos todavía se conservan las líneas fortificadas y trincheras donde se desencadenaron encarnizados combates.

A partir de este punto comenzamos el recorrido avanzando por el angosto barranco de Santa Maria. Verticales paredes de piedra caliza, laderas cubiertas por acumulaciones de canchales de la ruptura de la roca por el hielo, laderas donde han encontrado cobijo una vegetación singular junto a pinares y saboteares, como arces de montpelier, el cerezo de santa lucía, guillomos, madreselvas. Las hojas ocres de estos arboles caducifolios caídas en torno a su base son la imagen más bucólica de este periodo otoñal.
La erosión desencadenada en estos barrancos mantiene una actividad constante. El frío fractura las rocas que se deslizan formando canchales en su base, que las fuertes arroyadas de las tormentas veraniegas se encargan de transportar a lo largo de su cauce evitando su colmatación, como así ocurrió en tiempos pasados en los que procesos geomórficos periglaciares, carentes de fuertes precipitaciones que evacuaran las piedras, los iban rellenando de depósitos.
En torno a él encuentran también refugio jabalíes, cabras montes, corzos, al igual que en otros distribuidos a lo largo de la sierra fracturada por la falla de Alfambra, en los bloques que caen hacía el río, encuentran cobijo el águila real, el buho real, chovas piquirrojas, grajillas, vencejos reales, acentores…..
Nos llama la atención en su parte alta del barranco, donde tras estrechos ocinos se abre en abanicos amplios aprovechados como tablas de cultivo sujetadas por muros de piedra seca, donde hoy abandonados se regenera el pinar.
No ascendemos hasta el pico de Cabigordo y al llegar a unas parideras emprendemos el camino de regreso siguiendo una pista.
Atravesamos una ladera donde en el año 2004 un tornado arraso laderas tumbando cientos de pinos. Aquellos viejos fustes que no se doblaron ante su fuerza fueron arrancados, mejor futuro tuvieron los que cedieron flexibles al empuje del viento, estos son los que 20 años después mantienen su vigor, junto a encinas y quejigos que al abrirse la luz encontraron una oportunidad para vivir.
Al llegar al Barranco del Reguero volvemos a encontrarnos con cultivos, en cuyos ribazos se conservan viejos pies de sabina albar. La ladera aterrazada en bancales pequeños que han dejado de cultivarse porque no pueden labrarse con el tractor, se llena de jovenes árboles nacidos de las semillas de grandes quejigos que se respetaron en la orilla de los bancales.
Volvemos a pisar material geológico del terciario que rellenó el sinclinal jurásico de Corbalán. Entre la impermeabilidad de capas de arcillas y arenas fluye agua subterránea filtrada en las calizas, que aflora en fuentes y rezumaderos, donde crecen chopos blancos y sauces. La superficie más llana propicia la extension de parcelas de cultivo más extensas, en las que a lo largo del invierno podremos ver cazando al esmerejón que hiberna y que llega junto a los cientos avecillas llegadas del norte de Europa.
