
El molino de Jonas ha dejado de funcionar.
La balsa no tiene agua
para mover las aspas que han de hacer girar las muelas.
El ojal dejaba caer el grano
entre las dos piedras que lo molían.
La harina caia por la canaleta.
El molinero apartaba su maquila,
y con el resto llenaba el saco que cargaban en el burro.
Cada mañana Jonas regresa al Molino.
Encuentra el silencio que envuelve la casa vacía.
Ahora la habitan otros.
Una familia de nutrias que vive entre los viejos sacos del granero.
Una pareja de mirlos de aguas,
que ha construido su nido entre las piedras de la acequia.
Y junto al sauce, allí donde desembocaba el agua,
una pareja de martines pescadores han excavado su casa en el talud.
Cuando Jonas mira el río
buscando el sonido vibrante
chat – tiu – tiu – tiu – chat
encuentra un veloz rayo de luz que lo cruza.
Cuando se posa
un pajarito de color naranja rodeado de un brillo verde y azul,
con un pico largo y una cola corta,
le da los ¡¡buenos días!!
