ARGYNNIS/ 27 de Junio de 2020

Con la llegada del verano se incrementa la diversidad de especies. Una ola de calor arrastrada por vientos del sur anima a que las mariposas vuelen. Nos llaman la atención los grandes imagos por la potencia de su vuelo, así como la altura a la que llegan los machos señalando su territorio y lanzándose contra aquellos que osen invadirlo. Las más llamativa son aquellas que hasta hace poco se agrupaban en el genero Argynnis, muy amigas de posarse en las flores de los cardos.

Los científicos conformen avanzan sus investigaciones modifican la agrupación de genero atendiendo a nuevos datos de genética que permiten la clasificación con más exactitud. Los nombres de la especie siempre se mantienen. Los nombres comunes con el que la población las bautiza no sólo cambian según la localidad, también con el tiempo, por lo que según la guía de campo con la que trabajas pueden variar. Es por ello aconsejable identificar los animales con el nombre en latín. Si eres capaz de traducir encontraras una inestimable ayuda para encontrar caracteres del animal o planta, como nos muestra el autor de las entradas de Latín y botánica.

Disfrutamos observando los ninfálidos de tonos naranjas. La Speyeria aglaja, inconfundible con su color casi rojo cruzado por listas negras en el anverso y con llamativos espejuelos de color plata en el reverso de su ala inferior. Podemos confundirla con la Fabriciana adippe, de la que se diferencia porque las celdas superiores del reverso del ala están adornadas por un ribete de ocelos rojizos. La Fabriciana niobe de un tamaño menor no tiene espejuelos de plata. Inconfundible de las anteriores, la Argynnis pandora es la de mayor tamaño, un color en el anverso de las alas más ocre y al posarse observamos el reverso del ala inferior de tono verde claro con trazos de línea blanca sobre la que contrasta el color rojizo del extremos de ala superior, que permanece visible.

Es una sola generación la que vive desde Mayo a Septiembre. En los momentos más sofocantes del verano pueden permanecer en estivación, un pequeño descanso en su actividad para sobrevivir al calor. Maduran los huevos y los depositan al finalizar el estío, dando tiempo a que nazcan las larvas y se alimenten un poco antes de entrar en hibernación. Con la llegada de la primavera despiertan para terminar los diversos estadios que precisan antes de crisalidar y convertirse en los duendes que hoy vemos volar por el campo.

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