
«Quién va a Santiago y no al Salvador, visita al criado pero no a su Señor»
De un vermut vaquillero surgió el año pasado el proyecto de viaje por el Camino Ingles, que va a Santiago de Compostela. La experiencia fue positiva y nueve meses después repetimos el mismo grupo de amigos, y una nueva incorporación, afrontando el Camino del Salvador, entre la Catedral de León y la de San Salvador en Oviedo.

Como grupo no nos mueve un espíritu religioso pese a la peculiaridad de ambos trayectos, aunque individualmente cada uno encuentra su momento de reflexión, espiritualidad, pensamiento en el devenir de la vida. Especialmente tenemos cariño al contemplar los paisajes desde el ritmo que marca caminar.
Llegado al lugar de inicio en tren desde Zaragoza, emprendemos el viaje de seis etapas siguiendo la recomendación de la web oficial del Camino de San Salvador.
Y es al llegar a Monasterio de San Marcos, donde nos desviamos del Camino Francés a Santiago, para emprender ruta a nuestro destino.
Hacia el año 792, el rey asturiano Alfonso II el Casto (760-842) trasladó su corte a la ciudad de Oviedo, recientemente fortificada y en cuyo interior mandó edificar un palacio y varias iglesias. En una de estas, la del Salvador, se construyó una cripta (y con el tiempo una cámara) con el fin de custodiar las reliquias contenidas en el Arca Santa, traída a finales del siglo VIII desde el monasterio de Santo Toribio de Liébana en la actual Cantabria, lugar remoto donde habían permanecido ocultas tras la invasión islámica de la Península (después de un largo periplo que partió de Jerusalén en el año 614, pasando por Alejandría, Cartagena y Toledo); entre el contenido del arca destacaba un fragmento del Santo Sudario, tela de lino que se dice acogió el cuerpo de Jesucristo tras su crucifixión.

Son 121 km entre la Pulchra leonina (Catedral de León) y la Santa Iglesia Basílica Catedral Metropolitana de Oviedo «Santa Ovetensis», cruzando la Cordillera Cantábrica. Conecta con el Camino Frances y permite enlazar con el Camino Primitivo, convirtiéndose en el segundo lugar más importante de la peregrinación. Una ruta exigente y solitaria.

Así lo hemos comprobado entre los pocos peregrinos con los que nos hemos cruzado. Incluso una familia de Bulgaria tenia el objetivo, una vez llegados a Oviedo, de conectar con Ponferrada atravesando los Ancares, para desde allí llegar a Santiago por El Camino de Invierno.


Nuestro camino lo iniciamos desde León, siguiendo el cauce del río Bernesga, ciudad que nos cuesta abandonar. Se nos hacen largos los primeros 10 kilómetros hasta llegar a Carbajal. Atravesamos diversas urbanizaciones de chalets, adosados y urbanizaciones con piscina, modelo de ciudad extendido, que desde principios de este siglo se impone en las ciudades y que el periodista Jorge Dioni explica en su ensayo La España de las piscinas.

A partir de este pueblo, que se extiende a lo largo del trazado del camino, continuamos el curso del Río Besnesgas por su ladera de la margen izquierda. Atravesamos un denso bosque, en el que conforme ascendemos la encina se ve sustituida por el roble melojo, hasta llegar a Cascantes. Unos kilómetros antes de llegar a la Pobla atravesamos un bosque de ribera. Alcanzada la ermita de Celada, que nos abre la puerta a nuestro destino.
Hemos entrado en la cuenca minera leonesa. Este pueblo con tradición ganadera, a lo largo de los últimos sesenta años transformó su economía en torno a la minería sustentada por la central térmica, hoy desmantelada.Vive una intensa crisis de la que nos habla una señora al llegar y relatarnos con dolor los numerosos locales cerrados (bares, comercios…) que hablan del devenir del pueblo en estos últimos años. Su futuro quiere abrirse en torno al turismo y la producción de energía por plantas fotovoltaicas. Podemos comer en la Trastienda de Sergio y dormir en la posada de Ordoñez, establecimientos que aún sobreviven. Hoy están celebrando las fiestas del Corpus Christi, la verbena en la plaza y la feria en un descampado de las afueras han traído un poco de alegría.



Al día siguiente abandonamos la Robla siguiendo la carretera hasta Pola de Gordon. Acompañamos al rio Buiza, desde donde nos adentramos en pueblos rurales de la Reserva de la Biosfera El Alto Bernesga. Tierra de lobos. Un paisaje que contemplamos desde la cima de las Forcadas de San Anton (1450 m.s.n.m.). Desde ella descendemos hasta tras pasar por San Martín llegar a Poladora de la Tercia, donde nos espera nuestro alojamiento en Posada del Embrujo. Este establecimiento rural nos sorprende por su arquitectura tradicional, su gastronomía y junto a la amabilidad de sus gestores nos encontramos en su biblioteca la revista Quercus, decana de la observación y conservación de la naturaleza en España, que nos supone un encuentro con «una vieja amiga».




Las horas de descanso nos permiten afrontar al amanecer del día siguiente la dura etapa de montaña, que tras cruzar la Cruz del Salvador y otra cruz en el Collado del Coito (1568 m.s.n.m), en la Sierra del Cuchillo, descender a la Colegiata de Arbas y llegar al Alto de Pajares. Nos encontramos en Asturias. Descendemos atravesando el Bosque de Valgrande, donde los robles se mezclan con acebos, castaños, abedules…. Es tierra del oso. Concluimos en Pajares, donde la Posada El Mirador nos espera para recargar fuerzas con un potaje de garbanzos y unas albondigas con patatas fritas y arroz con leche.




Nuestra 4 etapa continua continua por el rio Valgrande hasta llegar a Pola de Lena por el Parque Natural de las Ubiñas-Mesa siguiendo la senda de la ladera de la margen derecha entre viejos castaños. Antes de llegar Pola de Lena visitamos la Iglesia prerrománica de Santa Cristina de Lena. Este último tramo es una ruta llana desde Campomanes, en la que durante los últimos kilómetros compartimos tramos tranquilos en el que escuchamos las aguas del río Lena, con otros paralelos a la Autovía A 66, ruta de la Plata, también avías férreas tanto de RENFE como de FEVE. Hemos regresado al mundo industrial que ha movido la economía y modificado los paisajes naturales, donde el ruido y las prisas marcan el ritmo de nuestra época.



La 5º etapa es de tránsito, 13,4 km junto a la autovía, hasta llegar a Mieres. Parte de su trazado siguiendo una vía peatonal en torno al rio, denominada «ruta del colesterol», utilizada por los vecinos para ejercicio físico. Un día que nos relaja hasta el punto que olvidamos la parada en Villallana y visitar su Iglesia de San Martín al lado del antiguo Hospital de Peregrinos, y tras ella el antiguo correo que según las guías tiene grabada una cruz de la Orden de los Pobres compañeros de Cristo y del Tempo de Salomon «Pauperes conmilitones Christi tembleque salomónici», en clara referencia a la orden del Temple. La gerente del Hostal Pachín donde nos alojamos nos indica como referencia comer Fabada en la Consistorial, donde ademas de la Fabada, probamos el pastel de carvacho y riquísimo postre de arroz con leche.


En La última etapa abandonamos por carretera el área industrial de Mieres y por sendas y caminos atravesamos un paisaje de mosaico rural singular hasta llegar a la ciudad de Oviedo, con casas dispersas, campos de prados con setos de espinos, pequeños bosquetes de robles y correos tradicionales que sobreviven. Seguimos el trazado de la calzada romana, por la que a lo largo de los siglos han pasado peregrinos, comerciantes… que los ingenieros romanos trazaron entre estas tierras del norte y el sur de la península y hoy se conoce como Ruta de la Plata. Pequeños puertos como El Padrun, la Manzaneda, la Manjoya, ponen a prueba nuestras piernas ya agotadas a estas alturas.
Oviedo es una ciudad iacogedora, donde el turismo no falta en torno a sus múltiples monumentos históricos fuerzas. Nuestra comida como teníamos previsto desde que iniciamos este camino en un local de Tierra-Astur. Calidad-precio es inigualable, por 14,5 € tomamos el menú que incluye un puré de nécoras, fabada ó guisantes y entrecot con patatas ó carvacho a la romana. Necesitamos una siesta que nos obliga a aplazar la visita a Santa María del Naranco para otro viaje, aunque alguno no renunciamos a una visita rápida a la Catedral y terminamos la tarde y el viaje recorriendo las callejuelas de su casco antiguo.
