DE NUEVO, EL OTOÑO

Las copas de los árboles se cubren de oro y cuando caen las hojas en el suelo se extiende una inmensa alfombra de color ocre. Ha llegado el otoño, una estación de tránsito al invierno. Tras él tras comenzará un nuevo ciclo de vida.

Este año el otoño ha tardado en llegar. Pensábamos que nunca acabaría un verano que ha abrasado la tierra.

Llegan las lluvias y el frío. Una luz cristalina nos permite admirar la inmensidad de un paisaje limpio. Ninguna otra estación nos deja verlo con esa claridad. Las brumas, las nieblas del invierno y la primavera o la calima del verano extienden un velo que oculta el horizonte.

Es fácil encontrar la claridad en nuestros paseos por el monte. Más difícil hallarla cuando regresamos a la ciudad y vemos los cambios sociales y políticos que aventuran un nuevo futuro. Gritos, insultos y una información dirigida a engañar, embadurnan principios universales, normas que deben guiar la conducta humana, la ética y la comprensión de la existencia, válidas más allá de culturas, religiones o épocas especificas.

No vemos claro el cambio que algunos proponen, por otra parte necesario. El que nos anuncian supone retroceder a tiempos pasados. Perder un estado de bienestar que costo sangre establecer y marcó durante años un ritmo de reivindicaciones para avanzar hacía una sociedad más participativa en un modelo político de transparencia, con valores morales de equidad y solidaridad buscando vías para que nadie quedara apartado, comprometidos con la conservación del medio ambiente, la casa donde vivimos, asumiendo la necesidad de una política fiscal progresiva para financiar el país, la comunidad a la que pertenecemos. Logros fundamentales como la sanidad y la educación universal lo son de todos y a todos nos corresponde garantizarlas.

Sí, probablemente estamos a año luz de lograr todos esos propósitos. Somos conscientes de quienes mueven los hilos del sistema. La moral y la ética de los grandes ricos se rebajado a niveles incomprensibles para quien ha recibido la educación en los centros más prestigiosos. No comprenden que la falta de futuro de la comunidad, pone en riesgo su propia seguridad, por más que almacenen la mayor parte del dinero del mundo.

Por otra parte la diversidad de una sociedad no debería ser obstáculo para la unidad en definir que futuro queremos. Es imprescindible que este se sustente en la sostenibilidad de un Planeta, que es nuestra casa.

Este otoño en España votamos. Es necesario que la sociedad civil se implique en la política del país más allá de la participación en las urnas, pero para ello hemos de asegurar que estas no se rompan.

Deberíamos esforzarnos en no escuchar cantos de sirena que no ayudan a mantener el rumbo correcto. Nos jugamos algo tan sencillo como poder contemplar el horizonte que el otoño nos ofrece, disfrutar de la sencillez de saborear la manzana que cae del viejo árbol que sobrevive en la huerta, con la conciencia tranquila de vivir en un mundo justo.

Deja una respuesta