EL RODENO

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Es fácil rastrear publicaciones para encontrar explicación a la formación y evolución de estas piedras rojas de areniscas. Como antaño, siguen mostrando su lado mítico, en ese contraste de brechas de color rojizo en un entorno dominado por la caliza blanca, misteriosos laberintos y curiosas formas adoptadas por las rocas deslizadas y erosionadas en la búsqueda del equilibrio.

Un refugio, es este peculiar paisaje donde domina el Pino resinero. Al cobijo de peñascos, que proporcionan resguardo al suelo y la humedad, se abren hueco pequeños bosquetes de Marojo, y encrestados en las rocas más inaccesibles o en los barrancos más cerrados, de difícil acceso al hombre y al ganado, aguantan relícticos ejemplares de Acebo, Tejo y Madroño.

Guarida de fauna silvestre, como lo fue de los últimos guerrilleros que hace seis décadas pretendieron recuperar la dignidad para un país derrotado. Nos atrevemos a imaginar que a lo largo de la historia este paisaje mágico ha sido el último lugar de aquellos que se resistían a los cambios. Las pinturas de arte rupestre levantino resguardadas en abrigos, con escasa bibliografía interpretativa de su simbología y el modo de vida de sus autores, bien pueden indicarnos un lugar sagrado, pero sobre todo seguro para aquellos sin cabida en una sociedad en proceso de transformación; un hogar para hombres libres, subsistiendo sobre la base de su capacidad de adaptarse al medio, recelosos de incorporarse a ciudades con aspiraciones de acumular tesoros y dominar. Son un jeroglífico aún no descifrado de la utilización y ordenación del territorio por éstas antiguas culturas.

La dificultad de este terreno sigue siendo su principal aliado para mantenerse aislado. Tan agradable en los otoños húmedos como áspero en los veranos secos, continúa inspirando a quienes se adentran en él sin animo de cambiarlo, a pesar de localizarse a escasos kilómetros de una sociedad capaz de mercantilizar el bosque en el valor de su capacidad para dar tablas de madera a vender, olvidando aspectos como la simbología tradicional de un árbol viejo ó su valor ecológico. Sigue siendo tierras de cazadores, pastores y aquellos capaces de sensibilizarse ante el canto del cárabo al atardecer, las huellas de ungulados ó la mirada a restos arqueológicos del pasado. Gentes capaces de sentir la naturaleza sin ver en ella una forma de hacerse rico.

La protección de parte del enclave natural ha favorecido la entrada dinero. Ha servido para asfaltar carreteras e incrementar el número de visitantes, que sin esfuerzo en llegar a abrigos y miradores, solo ven en el paisaje un mero objeto más del consumo. Apenas se ha orientado a incentivar a los propietarios del territorio, dando un giro a la gestión forestal de producir madera, para acometer con rigor la conservación y garantizar la biodiversidad del bosque.

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Este artículo se publicó el 18 de diciembre de 2002. Hoy, 20 de septiembre de 2016, el Paisaje Protegido  del Rodeno ha recibido la calificación Q de calidad.

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