DESPOBLACIÓN RURAL (III). EL ARRAIGO

 

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Sergio del Molino en su ensayo “La España Vacia”  detalla la necesidad de su generación, los viejojóvenes, hijos de emigrantes del medio rural a la ciudad, de encontrar la identidad perdida en sus raices ancladas en los pueblos y en una cultura que desaparece. Huerfanos de un mundo sin referencias sólidas. Se identifica con una generación, que como él dice: “no tenemos edad ni vivimos en ningún sitio”.

Jose Manuel Nicolau  nos define EL ARRAIGO  como un sentimiento humano profundo al que no nos puede hacer renunciar el modelo social imperante.

<Ante los datos abrumadores sobre el vaciado incesante del medio rural y la incapacidad de frenarlo a pesar de cuantiosas inversiones e iniciativas, hay quien defiende –desde un supuesto pragmatismo y una supuesta “racionalidad económica”- darlo por inevitable y, como mucho, poner paños calientes. Creo que es la misma corriente de pensamiento que pretende que asumamos la precariedad laboral, la merma en los servicios públicos, la reducción de las pensiones y tantas otras cosas, como inevitables para que el sistema siga funcionando. Es una perspectiva que conlleva una profunda deshumanización de la sociedad.

El arraigo y la vinculación a un territorio y a un clan es un comportamiento humano ancestral, irracional, emocional, fijado genéticamente porque resultó adaptativo, ventajoso, para la supervivencia y expansión del Homo sapiens. Es verdad que la manipulación política de este sentimiento atávico ha dado lugar a horrores tremendos en la historia de la humanidad, guerras y holocaustos incluidos. Pero aquí estamos hablando de otra cosa. Hablamos de que la identidad de las personas tiene una dimensión individual pero también otra colectiva y ésta se construye a partir de ingredientes como el paisaje donde uno crece y las personas que le acompañan en su crecimiento. “Quiero vivir aquí” es el lema que se lee en las numerosas pancartas que cuelgan de las casas de Artieda, pueblo pirenaico que lucha contra el recrecimiento de la presa de Yesa desde hace 30 años. El derecho a vivir donde se ha nacido o criado uno. En la tierra de los antepasados. Donde uno dio su primer beso. Donde uno vivió sus primeros juegos y aprendió a cantar. O donde montó su negocio. Se trata de una fuerza poderosa, conmovedora, que nos humaniza. La tenacidad de Francisca y Emilio, los últimos de Jánovas. El recuerdo de un paraje que nos reconforta cuando sentimos la soledad lejos de “casa”. Levantar colectivamente, entre un grupo de personas, un proyecto de vida común. Un asentamiento humano. Y mantenerlo. La fuerza de lo común, de lo colectivo, del grupo vinculado a un territorio, a un lugar, genera algo nuevo ¿una propiedad emergente? que potencia al ser humano. ¿También hay que renunciar a ello? ¿Y qué ofrecen a cambio, mudarse de ciudad periódicamente en pos de trabajo; parejas viviendo y criando desde ciudades diferentes? ¿Un individualismo sufriente que genera seres humanos con una identidad débil?

Hace unos años un alcalde de Javalambre defendió la construcción de la carretera por la vertiente sur de la Sierra ante un grupo de estudiantes de Ciencias Ambientales de la universidad. La carretera produce un gran impacto ambiental sobre un espacio que es punto caliente de la diversidad (hot spot) a nivel internacional, por lo que ha sido rechazada en dos ocasiones por las administraciones ambientales. Sin embargo, su discurso, cargado de sentimiento y de amor por su pueblo y por los suyos, nos conmovió. Veía la infraestructura como la última oportunidad para que su vida –entregada a la defensa noble de su pueblo y a buscar un futuro para sus hijos en él- tuviera sentido. Personalmente creo que estaba equivocado en su demanda de la carretera, pero he de confesar que el sentimiento de arraigo a su Sierra y a su gente –que me pareció auténtico- me penetró.

Está pendiente en el Colectivo Sollavientos que se haga la redacción de un “Elogio de la vida rural”, pues son numerosas las razones por las que es muy negativo para cualquier sociedad no contar con un medio rural vivo y dinámico. Comento brevemente un aspecto que me toca de cerca: el papel imprescindible de la gente del campo para solucionar la crisis ecológica del planeta. Asistimos a una Crisis Ambiental Global que está poniendo en riesgo las bases del funcionamiento de la sociedad. Se está trabajando mucho para frenar la degradación ambiental del planeta, pero con poco éxito. Y una de las razones es que la mayoría de las personas no tienen una percepción nítida de que la naturaleza, con los “servicios” que nos proporciona, es la base de nuestra supervivencia y bienestar. La gran mayoría de la población mundial –urbanita- sólo reconoce la tecnología como fuente de su bienestar. Y es que, el alejamiento de la naturaleza de una sociedad cada vez más urbana nos conduce a la alienación ecológica. Además del conocimiento intelectual, para entenderla, valorarla y ponerla en el lugar que le corresponde –la base de todo-  se requiere mantener con la naturaleza una estrecha relación emocional, sensorial, empírica. Y esto pasa por que haya una sólida comunidad rural, en contacto con el medio.>

 

 

 

 

 

 

 

 

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