EREBIA EPISTYGNE

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Me envía Chabier de Jaime Loren esta fotografía de la mariposa con la que se ha encontrado una mañana de esta primavera mientras se desplazaba a su campo de trabajo, el Alto Alfambra.

Chabier es amigo, muy buen amigo. Desde la década de los ochenta del siglo pasado (hace cuarenta años) se ha volcado con el conocimiento y el compromiso de la conservación de la naturaleza turolense, sin olvidar a su población y a su cultura.

Licenciado en Farmacia, Doctor en Geografía, pero sobre todo Profesor de Secundaria (con mayúsculas) vocacional, ha desarrollado su vida profesional en el Instituto de Enseñanza Secundaria de Calamocha. Una elección personal, en la que tuvo un peso fundamental su identidad y el compromiso con sus orígenes. Su labor docente ha formado a varias generaciones de jóvenes de la Comarca del Jiloca. Junto a ellos ha desarrollado diversos trabajos de investigación. Experiencias de innovación educativa que han recibido el reconocimiento nacional e internacional. Pero sobre todo ha motivado la autoestima de estos chavales, muchos de ellos con un gran horizonte profesional y todos con un excelente desarrollo personal.

Desde aquellos años ochenta tuvo una especial predilección por fijar su mirada en los enormes chopos distribuidos por las barranqueras de las sierras del Sistema Ibérico turolense. Estas venas verdes   son auténticos oasis de vida entre las inmensas parameras. Como no podía ser de otra manera, la acumulación de información de un peculiar mundo desconocido, el ecosistema asentado en torno a estos gigantes, terminó desarrollada en su tesis doctoral. Hoy asume el compromiso de dirigir el Parque Cultural del Chopo Cabecero en el Alto Alfambra. Su empeño es la conservación de esta gestión tradicional y la cultura que la ha modelado. Su objetivo poner en valor este territorio. Entre sus logros están los diversos reconocimientos allí donde ha sido presentado, pero sobre todo el apoyo de la gente vinculada a este lugar, que hasta hoy se sentía olvidada.

La protagonista de la fotografía es una mariposa. Se trata de la Montañesa primaveral (Erebia epistygne).   Sus colores son ocres, con esos ocelos más claros entre las celdas con tonos pastel en las puntas de sus alas que le aportan luminosidad. Cada primavera eclosiona en gran número y vuela durante unas breves semanas al principio de la  primavera en estos páramos, sobre la vegetación rasurada por el diente del ganado que poco a poco va desapareciendo de los campos. Comparte el hábitat con los aláudidos que en estas mismas fechas cantan y elevan su vuelo vertical hacía el cielo para, como la mariposa,  marcar su territorio con ese  cortejo nupcial. Los vuelos de unos y otros acompasan a las gramíneas balanceándose con el empuje del viento simulando olas en un extenso mar de tierra. El canto de los pájaros  rompe estos días el inmenso silencio del lugar.

Al igual que lo es la Alondra ricoti, el alcaraván, el sison….. esta mariposa es muy de aquí. Su distribución está muy localizada en estos páramos de la Cordillera Ibérica en España y fuera de ella solo esta localizada en el suoeste de Francia, en las regiones de   Cévennes y Provenza. Todavía no se conoce del todo su biología, desconocemos en qué estado hiberna (huevo, larva, ninfa o imago). No corre peligro su existencia, a no ser por una transformación brusca  que puede llegar por fenómenos naturales como el cambio climático, pero también sociales como el abandono rural. Hace unos años diversos estudios alarmaron de que la falta de pastoreo en las parameras estaban modificando el hábitat donde vivía la alondra ricoti, ese pequeño pajarillo al que llamamos popularmente burlapastores por su peculiar canto que resuena al atardecer y al amanecer en estas lomas, un agradable silbido que parece simular la llamada de un conocido. Apenas vuela y se desplaza corriendo entre las matas de las plantas rastreras aromáticas (tomillos, ajedreas, espliegos…..), que te impregnan de aromas las perneras del pantalón y las botas cuando caminas entre ellas. El abandono de la gestión tradicional en el aprovechamiento de los recursos de estos ecosistemas  puede ser la consecuencia por la que en las primaveras de los próximos años no disfrutemos del espectáculo que la Erebia epistygne ofrece  cada año al elevar su vuelo desafiando  al fuerte viento azotando las laderas de estas montañas.

En estos mismos lugares, en las cumbres más altas donde en las ásperas calizas solo arraigan los erodium celtibericum y los sedum, junto a otras plantas que se aplastan al suelo para sobrevivir  frente a las tempestades de estas cumbles y a tórridos días del verano, vive  la mariposa Apolo (Parnassium apolo). Es un imago corpulento y vistoso, blanco con ocelos rojos salpicando sus alas, capaz de soportar el embiste del cierzo. Su eclosión dura apenas un mes desde  los días cercanos a San Juan.

Estoy seguro de que muchos pastores se identifican con estos rasgos de fortaleza y austeridad de la fauna que habita estas sierras. Al igual que esta biodiversidad,  se sienten muy de este lugar. Hoy cuentan con un amigo que trabaja no sólo porque no sean olvidados, sino  tambien poniendo en valor su trabajo y su existencia buscando formulas para  encontrar una oportunidad sobre la que  puedan seguir existiendo.

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