ALBADA

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Al alba, comenzaba el trabajo de labrar los campos y cuando el sol arreciaba, la sombra de la sabina era el mejor cobijo para descansar. Hoy, la potencia de los tractores supone mayor capacidad para arañar la tierra. Pero aislados en la cabina con aire acondicionado, se pierde el contacto con el entorno natural y se olvida nuestra dependencia de la naturaleza, en ese culto a la tecnología que hoy profesamos urbanos y rurales.

La gestión agrícola tradicional es responsable de una diversidad paisajística. Un paisaje bello, respetuoso con el entorno al conservar servicios ambientales insustituibles para la comunidad agraria y para la sociedad en general. Los arbustos y bosquetes de las lindes son responsables de un efecto barrera contra el viento; dan sombra sin limitar el desarrollo del cereal; suministran materia orgánica; y albergan poblaciones de fauna y relictos botánicos de flora singular. Suponen también diques naturales frente a la escorrentía superficial, que reduce la perdida de suelo fértil y aminora los efectos de avenidas. Además, inciden en la recarga de los acuíferos.

La diversidad esta desapareciendo en el paisaje agrario. Con financiación pública y una justificación estrictamente económica, donde no tienen cabida criterios ambientales, se proyectan y ejecutan Concentraciones Parcelarias Agrarias. Una Agricultura intensiva que, sin ser capaz de poner freno a la despoblación rural, ha generado productos excedentarios.

Crisis, que ha motivado una nueva Política Agraria de la Unión Europea, donde se favorece el abandono del cultivo en tierras marginales y se incentiva con ayudas agroambientales la producción de calidad frente a cantidad y un modelo de desarrollo sostenible donde la conservación de la naturaleza ocupa un pilar fundamental.

En la década de los ochenta para todo aquel que planteara una alternativa al crecimiento per se, que desprecia la calidad de vida, era lectura obligada un pequeño libro: “lo pequeño es hermoso, por una sociedad y una teoría a la medida del hombre”. Contiene fundamentos a tener en cuenta en programas de desarrollo rural, frente a proyectos de alto coste y dudosa rentabilidad. Quienes pretendan abordar alternativas al problema de la despoblación de los pueblos, debieran reflexionar sobre el contenido de este libro ecologista. Debemos debatir el futuro de estos territorios en declive, exponiendo criterios económicos, pero también aspectos sociales y ambientales que inciden significativamente en un mayor nivel de vida de los ciudadanos.

Sin renunciar a reclamar carencias, hemos de valorar y no dejar perder esas peculiaridades, difíciles de cuantificar económicamente pero necesarias para vivir mejor, que el atraso socioeconómico que sufren las Comarcas de Teruel, nos ha permitido conservar.

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