2 de agosto del 2018

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Es Agosto, las vacas se cobijan en la sombra de un aprisco semihundido. Aunque estos animales de vaca serrana ibérica turolense,  raza ancestral en la Sierra de Gudar y del Maestrazgo, bien pudieran estar regocijandose  husmeando  en las vigas viejas de madera y en los muros de piedra de este aprisco antiguo, que hoy se desmorona. Existen relatos de elefantes que  olfatean los huesos de sus ancestros buscando los recuerdos cuyos aromas impregnen de sentido a su vida. Quizás estas vacas viejas, algunas preñadas a punto de parir,  pretenden recuperar  el olor de su pasado.

Estos días mientras huelo el espliego, me llega a la memoría la imagen de  los nidos que tejía mi padre, Rafael: doblaba los tallos dejando encerradas las flores en una bola y quedaba un aro  para poder colgarlos. Tambien  las bolsitas de tela bordadas, que mi  madre, Joaquina,  rellenaba con las flores que en la mesa de trabajo habían caído mientras él trabajaba los pequeños haces de esa planta aromática.  Unos y otras se colgaban en los armarios y los aromatizaban  durante meses.

Escucho  una pareja de perdiz roja (Alectoris rufa) intentando reagrupar al bando de  perdiganas dispersas, que han comenzado a piar para llarmarse. Recupera mi memoria  los días de las fiestas de Teruel, las vaquillas,  en las que el lunes tras madrugar para ver los toros ensogados, mis padres después de almorzar nos llevaban de excursión al campo para observar los bandos de perdices. Esos días  corrían entre el cereal, los barbechos y los yermos de tomillo y ajedrea. Al asustarse  se desparramaban por el campo. Nos quedabamos quietos y enseguida comenzabamos a escuchar a la madre llamando  a los hijos y estas respondían. Esos  pequeños detalles, que te han ido pasando desapercibidos, te hacen comprender  como  y quien fue despertando  el interés por conocer y conservar la naturaleza.

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Nos asomamos a la ventana donde observamos los recuerdos en busca de la  identidad, que dé sentido a nuestra vida y nos guie en nuestro destino.

He comenzado a leer “DE ANIMALES A DIOSES (SAPIENS): UNA BREVE HISTORIA DE LA HUMANIDAD” de Yuval Noah Harari.  Ha sido un regalo de unos grandes amigos:  José Manuel Nicolau, Anabella Salamanca y sus hijos Diego Martín y Joan Manuel. Un viaje por nuestra historia como especie que, desde los primeros capítulos – los que llevo leyendo- ya nos indica el impacto que supuso nuestra aparición, originando grandes cambios en el Planeta: extinciones de otros seres vivos con los que compartimos hábitat, mientras colonizabamos nuevos lugares; cambios en las condiciones de los habitáts originados por nuestra presencia y actividad. Confirma este estudio histórico nuestra sospecha: conforme desarrollamos nuestra capacidad tecnológica ponemos en marcha  herramientas capaces de modificar los ecosistemas naturales a un ritmo mucho más rápido que el generado por procesos biológicos; comparables  al producido por perturbaciones de fenómenos naturales, catastróficos y  puntuales, como terremotos, grandes inundaciones, erupciones volcánicas. Y no siempre somos conscientes de que estos cambios en el ecosistema   alteran las condiciones que necesitamos para sobrevivir: nuestra fortaleza cultural e intelectual, que nos ha permitido colonizar la casi totalidad del Planeta,  a su vez nos hace frágiles en los nuevos hábitats.

Hoy he realizado el transecto en horas  después del mediodía. Atravesamos una gran ola de calor con temperaturas muy altas, que aquí en la montaña se suavizan. Quería  comprobar si en horas diferentes se detectan ejemplares de especies que no vuelan con tanta frecuencia durante la mañana.  Se concentraban  Hesperidae y Lycaenidae  en el agua.  Salvo  el sector siete, en donde al atardecer la loma oculta el sol y queda en sombra, no he observado grandes diferencias.  Compruebo que la temperatura y el sol marcan  los momentos de mayor vuelo de imagos. Continuaré censando  la temporada durante las horas de mañana avanzando hacía el mediodía.

Han sido  183 ejemplares de 30 especies de mariposas las observadas en vuelo: Colias alfacariensis, Colias croceus, Gonepteryx rhamni, Pieris napi,  Pieris rapae, Pontia daplidice,  Argynnis adippe, Vanessa cardui, Issoria lathonia, Melanargia lachesis,  Hipparchia Hermione, Hipparchia semele, Chazara prieuri, Satyrus actaea, Arethusana arethusa –abundante, ha comenzado la eclosión de este año-, Brintesia circe, Maniola jurtina, Hyponephele lupinus, Hyponephele lycaon,  Pironia bathseba, Pyronia cecilia, Pyronia tithonus, Coenonimpha dorus, Celastrina argiolus, Lysandra albicans, Polyommantus icarus, Polyommatus fabressei, Polyommatus thersites, Hesperia comma, Pyrgus cirsii.

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