¿CIUDADES FEAS?

Plaza de la Marquesa (Teruel)

Hace pocos días en la sección de Babelia del periódico El País, Antonio Muñoz Molina escribía «Tanta Fealdad», donde se hacía eco del ensayo de Andrés Rubio, España Fea. También recogió el contenido de este ensayo el programa de la SER de Javier Pino A vivir que son dos días.

Un urbanismo que no ha sabido crear espacios de encuentro, quizás  pudiera ser la causa  de la insensibilidad de la ciudadanía   para hacer frente  a quienes han  transformado nuestras ciudades en monótonas y tristes. Se reforman pensando en el espectáculo, cuando no se hacen aberraciones difíciles de integrar en el entorno. Falta en la calle el debate que nos implique en la construcción  de lugares  donde prolongar nuestra vida más allá de nuestra  vivienda. Las calles y las plazas deberían invitarnos a compartir con los vecinos  el paseo, la charla, los juegos.

Es necesario volver a integrar la naturaleza dentro y en el entorno de la ciudad. No sólo son necesarios árboles, también se necesitan pequeños prados floridos naturalizados, parques asilvestrados que acojan de nuevo vida, con lo que volver a sentir el vuelo de mariposas, el susurro de los abejorros y hasta el canto de pájaros. Incorporar la música del sonido del agua con fuentes con las que calmar la sed, pero que también acojan musgos agarrados a los pequeños poros de la piedra en ese refugio de humedad creado al salpicar las gotas cuando caen desde el caño.

Crear espacios que inviten a actividades en las que los vecinos no sean meros espectadores sino los protagonistas de la historia de su vida en su lugar en el mundo.

Debemos asumir nuestra responsabilidad. Nuestro voto lleva a los Ayuntamientos a quienes ejercen la labor pública de administrarlos. No deberíamos olvidar ejércelo  reflexionando en función de nuestra ideología,  pensando en el bien común y no en  nuestro interés personal

El caos invade las grandes ciudades y  llega hasta pequeñas aldeas del País. Miramos  atónitos como se transforma nuestro pueblos  y su nueva imagen nos hace perder  arraigo  al territorio. Nuestra dejadez deja las manos libres para que avance la especulación.

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