CAIMODORRO

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Subí al Caimodorro siguiendo hitos de piedra bajo la sombra del pinar,  entre tremedales y remontando  ríos de piedra antes de llegar a su cima alomada y densamente poblada de árboles,  que forman un tupido telón que nos oculta el placer de ver el paisaje desde sus 1935 metros de altitud.

No por carecer de dificultad  deja de ser  entrañable la experiencia. Un peculiar reto para iniciarse en trekking,  apto para todas las edades. Recrearse en leer los sentimientos escritos en el libro de montaña guardado en un caja de madera forrada de metal , que cuelga de un tronco, es una de las compensaciones de llegar arriba.

Se intuye fenómenos singulares geomorfológicos y la especial sensación de pisar las piedras de los tiempos geológicos del inicio de la formación del Planeta. La observación de la sucesión vegetal, conforme ascendemos,  es una escuela abierta de evolucionismo y adaptación al medio.

Un paisaje curtido por el cierzo invernal y el tórrido calor estival como el rostro de los pastores que cada año traen desde La Carolina reses bravas. Endurecidos y retorcidos  troncos como las viejas manos de los leñadores que cada inviernos cortan y pelan  fustes de  pino silvestre  bajo pautas  del hoy denominado Desarrollo Sostenible.

La perdida de población es constante  y los cambios de usos del territorio es una realidad  en la Comunidad de Albarracín. Adolece de una ordenación de los recursos y los fondos que se destinan a su desarrollo lejos de contar con una planificación global del territorio terminan en un reparto por simpatías o cercanías al poder, individualidades que en nada benefician al interés general.

En la  conservación de esta Montaña, me preocupa una maqueta sobre futuras Pistas de esquí que se presenta en Orihuela. No se analiza el coste económico y el ecológico del proyecto. No se justifica su viabilidad teniendo en consideración aspectos como: el cambio climático,  la necesidad de agua para innivar artificialmente,  los desgarradores movimientos de tierras que habrá que realizar para dar suavidad a unas laderas muy pedregosas. Por supuesto,  no se valora la perdida  los sentimientos sosegados que inspira pasear por las soledades de este rincón de Montes Universales.

 

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Publicado el 4 de Agosto de 2003 – Orihuela del Tremedal

 

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